Díario de Irán, días 8 y 9

18 de Diciembre de 2017 (sótano de Aria, Ali y Milad)

He tenido que hacer una excepción estos dos últimos días debido al trajín de acontecimientos ocurridos. Lo cierto es que hemos vivido unos momentos tan maravillosos que no quería pegar mi mirada a una pantalla para escribir y perderme lo que sucedía a mi alrededor.
Trataré de resumirlo todo de la manera más breve posible, aviso que hay cierto tinte personal en esta entrada.

La mañana del día diecisiete nos despedíamos de nuestros tres amigos artistas con la intención de alojarnos en la casa de una iraní que se ofreció a ayudarnos. Una pena que la primera pregunta que nos formulase la querida Zahra fuese: ¿Dónde pensais pasar la noche?
Lo cierto es que su labor como guía no nos aportó demasiado salvo conocer a una pareja iraní. Una pareja que hablaba perfecto castellano después de vivir treinta años en España. Estaban remodelando una casa al estilo tradicional persa por lo que pudimos ver una arquitectura auténtica e interesante.
Aunque lo mejor fue que nos invitaran a cenar en Nochebuena, a celebrar las Navidades con ellos y su familia.

No pudimos disfrutar demasiado de la sumamente turística visita guiada de Zahra, sobre todo debido a que nos confundiera con turistas de fajo en el bolsillo. Sin embargo, lo que más nos preocupaba era cómo poder volver a contactar con aquellos muchachos, intercambiamos contactos pero en el proceso olvidamos por completo pedir los suyos…
Y en el momento menos pensado, una voz nos llamó por nuestros nombres. Allí estaban, en medio de la acera, sonrientes. Desde luego que este viaje me da razones suficientes para creer en los milagros.

A pesar de volver a hospedarnos en la casa de nuestros nuevos amigos, volvimos a quedar una segunda vez con aquella mujer. Quería enseñarnos una plaza, así como presentarnos a alguna amistad suya. Tras una noche un tanto extraña con aquella gente (no disfrutamos de la mejor hospitalidad del viaje, supongo que hicieron lo que pudieron) volvimos con Aria, Ali y Milad, entonces la noche cobró un color muy distinto.

En cuanto al día de hoy no hay mucho que contar y a la vez hay mucho que transmitir… largas conversaciones, tanto artísticas como de nuestros paises de origen, tuvieron lugar. Aprendimos muchísimo y forjamos unos lazos increiblemente fuertes.
Lo cierto es que en los dos años que he estudiado Bellas Artes jamás había tenido un intercambio tan grande como este. Conectamos totalmente. Mismas inquietudes, similares formas de afrontarlas. Una pena que estudiemos a seis mil kilómetros de distancia…o tal vez no.

Por incrible que parezca, sé que estas amistades no van a ser otro grano más de arena en el camino. O al menos no pienso permitirlo. Haré todo lo que esté en mi mano por volvernos a ver. Mientras tanto, solo me queda disfrutar de lo que venga, de formarme como persona y como eso que llaman artista y con lo que sigo sin querer identificarme. Lejos de universidades y demás instituciones supuestamente educativas, aunque siga pagando por una matricula.

Cuando leía sobre esos locos que se juntaban para leer y debatir, culturizándose y enriqueciéndose intelectualmente de manera mutua, pensaba que era cosa del pasado. Ahora sé, por experiencia propia, que no hay más loco que el que se lo hace. Estoy cansado de pegarme de cabezazos contra eso que me da dolor de cabeza. Al menos ahora sé que las jaquecas son una enfermedad global que compartida, no solo duele mucho menos, sino que da fuerzas para hallar la cura.

 

Aprovechando este cambio total de estilo, nos gustaría desearos que paseis una agradable y feliz Navidad. Puede que pasemos estas fechas fuera de casa y lejos de nuestras familias, puede que incluso solos en alguna cueva iraní, mas no hay frío que pueda enfriar el calor que nos dais. Muchísimas gracias por seguirnos en esta aventura.
Un abrazo.

Victor y Diego.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *